miércoles, 8 de enero de 2014

Excusez-moi, I'm a mainstream cinéphile.

Hoy es mi segundo día de universidad -sí, lo digo como si estuviéramos en Septiembre- ya que mi universidad se organiza en trimestres y al empezarlo, parece que no haya pasado el tiempo, empiezo de nuevo y mi cabeza debe desprenderse de las telarañas que mi cerebro ha creado al vaguear por Navidad [¡maldita vuelta a la rutina!].

Pues bien, en una de mis nuevas asignaturas debo transformarme en un mecanismo de absorción cinematográfica, aprender sobre cultura audiovisual y tener conocimientos propios de un hipster con aires de "soy un sabio" de todo ese mundo que siempre he estado consumiendo pero nunca había visto más allá de la acción. Esta asignatura de la que os hablo, se llama Historia del cine y sí, sería más propia de una carrera de audiovisuales pero, no me importa tener que cursarla yo también. Siempre me ha interesado el cine, de hecho me planteé realizar el grado de comunicación audiovisual -véase una fan de la producción de trailers- pero este campo es tan extenso, que considero que no tengo años suficientes en mi vida de homo-sapiens para consumir todo el saber que mis ojos pueden ver.

Así pues, de aquí aparece el título del post. Durante tres meses tendré que comer mucho material de filmoteca, leer extractos de libros sobre el tema -realizados por autores que por el tono de la profesora, debería conocer- y estudiar a los grandes del cine, tanto directores como películas. Debido a esto, a mi mente ha llegado la frase: "Judith, te vas a convertir en una nueva friki cinéfila, prepara tu cerebro para el acontecimiento". Y... aunque me interese aguardar en mi cabeza saberes culturales, me asusta la idea de que ya no quepa mucho más en mi vaga composición de materia gris de dieciocho años. 

Acabando ya, solo me queda decir: qué ganas tengo de poder decir cual es mi director favorito, por qué Breaking Bad es la cosa más bien hecha en televisión -me encanta esta serie, pero en discusiones con la conservadora de mi madre me es imposible dar argumentos de peso para convencerla de que es buenísima- y lo más importante, el por qué de la evolución del cine y la inspiración que los años producen.


Después de esto, en unos años solo me faltará decir: No soy vieja ... ¡Soy vintage!